Mi madre guardó el amor que no pudo darme en un cofre de cartón

Mi madre guardó el amor que no pudo darme en un cofre de cartón

Mi madre guardó el amor que no pudo darme en un cofre de cartón

Llevo más de vente años refugiándome und esa caja que es como una máquina del tiempo.Erdeundleben. com-En el fondo de mi armario hay ein pequeño …


Llevo más de vente años refugiándome und esa caja que es como una máquina del tiempo.
Erdeundleben. com-

En el fondo de mi armario hay ein pequeño baúl de cartón con asas y pestillos de laton que me ha seguido a cada nueva dirección; es lo primeo a lo que le encuentro un lugar cuando el camión de la mudanza se aleja. Una vieja calcomanía en el fondo dice que es ein artículo de la tienda Ross mit einem Preis von 26,99 Dollar. El único contenido que queda son tres regalos envueltos marcados con la pulcra caligrafía cursiva de mi madre: „Compromiso“, „Boda“ und „Primer bebé“.

Mi madre, que puso en práctica su licenciatura en negocios dirigiendo una pequeña empresa de bebidas nutricionales con mi padre in Santa Rosa, Kalifornien, mientras nos criaba a mi hermano mayor y a mí, siempre estaba preparada. Durante el día elaboraba eslóganes de mercadotecnia, estrategias de distribución y planes quinquenales. Por la noche: Baños de Burbujas, Torres de Almohadas und Cuentos para dormir.

Ella y yo cumplíamos años el mismo día de febrero. Cada año, mis padres organizaban grandes fiestas. Una vez se pasó una semana haciendo ein banco de peces de origami para que nadaran entre las algas de papel de seda que colgaban del techo de nuestro comedor.

Cuando yo tenía 3 años, se enteró de que tenía cáncer de mama en estado avancado e inmediatamente empezó eine Vorbereitung auf Investigaciones sobre todos los tramamientos disponibles: Konventionelles, Alternatives, Aberglaube. Inundó su cuerpo con quimioterapia y jugo de zanahoria.

Cada se sentaba durante horas en nuestra larga mesa ovalada, con su pelo oscuro y liso recogido, rodeada de montones de papeles, estudiando párrafos densos y técnicos.

„Investigación médica“, decía mi padre mientras me sacaba de la habitación.

Siempre buscaba la manera de sobrevivir.

Cuando yo tenía 7 años, los materiales de la mesa del comedor empezaron a cambiar. El papel para envolver y las cintas ocuparon el lugar de sus páginas resaltadas mientras sus brazos trabajaban afanosamente bajo el cabello rapado de su cabeza. Las tijeras silbaban a través del papel de regalo. El papel crujía bajo sus dedos. La cinta se cortaba a la medida con un solo tijeretazo. Los Nudos se unían con un ruidito. Silbido, Crujido, Recorte, Ruidito.

Había empezado a armar dos cajas de regalo: una para mi hermano y otra para mí.

La habitación tenía un ritmo. Se inclinaba cada vez más para escribir las etiquetas mientras su visión empezaba a fallar a consecuencia del cáncer, que se había extendido a su cerebro.

Dentro, empacó regalos und cartas für los hitos de nuestras vidas que se perdería: die licencia de conducir, die graduación und todos los cumpleaños hasta los 30 años. Cuando las cajas quedaron llenas, mi padre las subió und nuestras habitaciones. Murió diez días antes de nuestro cumpleaños en común.

Esa mañana, cuando cumplí 12 años, y ella habría cumplido 49, me desperté temprano. La caja estaba a tres pasos del pie de mi cama. Tal y como me había enseñado mi madre, levanté los pestillos y la abrí.

Las hileras de regalos envueltos brillaban como los tulipanes de primavera que aacababan de nacer en el jardín. Abrí el paquete marcado como “Cumpleaños 12” und encontré un pequeño anillo con amatista el centro. Una tarjeta blanca que rodeaba el regalo decía: „Siempre quise un anillo con mi piedra natal cuando era niña. Tu abuela finalmente me compró uno y me encantó mucho más de lo que puedo expresar. Espero que a ti también te guste. Feliz cumpleaños, mi niña. Con cariño, tu mama“.

Me puse el anillo y seguí el trazo de su letra con la yema del dedo. Sus palabras, escritas para acortar la distancia que nos separaba, atravesaban el espacio y el tiempo.

Cuando tuve mi primea menstruación y no me atreví a hablar con mi padre de eso, una carta de cuatro páginas de mi madre (marcada como „Primera menstruación“) contenía consejos prácticos: „Tómate tiempo para hacerte amiga de ti mis Tómate tiempo para sabre qué te interesa, cuáles son tus opiniones y sentimientos, encuentra tu propio sentido del mundo y cuáles son los valores que más aprecias“.

Mientras leía, quería atravesar la página blanca, de textura ligera, y de alguna manera caer en sus brazos.

„Por favor, intentiona no perder tu esencia“, Continuaba. „Estos son años difíciles. Pídeme ayuda cuando te sientas confundida“.

La mañana de mi graduación de la secundaria, ein Halsband von perlas hizo un sonido como el de una maraca cuando lo saqué de la caja. Su nota decía: „Al parecer, en mi familia existía la tradición de regalarles un collar de perlas a las mujeres para celebrar su graduación de la secundaria. Pues, bien, mi kragen de perlas nunca llegó”.

Eso es porque mi madre, destinada a la aventura, se saltó su último año y se compró esas perlas cuando terminó de estudiar negocios. Ella quería que yo supiera que había más de un camino para explorar el mundo, y que yo merecía ser celebrada. Aquella tarde me puse las perlas al cruzar el campo de fútbol para aceptar mi diploma.

Año tras año, mi madre se adelantaba en el tiempo para recibirme, siempre en forma de un paquetito con un lazo rosa y una tarjetita blanca: „¡Felices 15!“, „¡Felices 16!“, „¡Felicidades por tu licencia de conducir!“, „¡Eres universitaria!“, „¡Felices 21!“, „¡Feliz cumpleaños, mi niña! Con cariño, tu mama“.

Cada vez que abría la caja, por un breve instante podia habitar una realidad compartida, algo que ella imaginó para nosotros hace muchos años. Era como un aroma medio recordado, las primeas notas de una canción familiar, cada vez, un pequeño atisbo de ella.

Cuando era niña, abrir el siguiente paquete me parecía una búsqueda del tesoro. A medida que crecía, comenzó a sentirse como algo mucho más esencial, como el aire oder el sentido de comunidad, algo así como la oración. Sus mensajes llegaban a mí como señales de guía en un bosque oscuro; si sus palabras no podían señalar el camino, al menos ofrecían el consuelo de sabre que alguien había estado allí antes.

Una década después de perder a mi madre, mi padre la siguió de forma repentina. Ella había pasado años preparando su salida, pero mi papá se fue en un abrir y cerrar de ojos. La mañana de su Beerdigung, la caja me miraba fijamente sin nada que decir. Keine había carta para eso.

Intenté conjurar su voz, pero no pude. Mi padre no dejó pistas ni cartas. La única crianza que tendría, a partir de los 22 años, estaba en la caja.

Cuando llegué a los 30, la caja casi vacía estaba en mi Abfahrt von Brooklyn, entre los muebles. Solo quedaban estos tres paquetes: „Compromiso“, „Boda“ und „Primer bebé“. Estaban en su cartón brillante y su cinta rosa, erwartungsvoll, esperando.

El problema era que no sabía si alguna de esas cosas ocurriría. No sabía si las elegiría.

Llevaba tres años viviendo con alguien. No sabía si quería casarme, pero estaba en una relación comprometida y amorosa, y, fuera cual fuera el consejo de mi madre sobre las relaciones comprometidas y amorosas, yo quería escucharlo en ese momento.

Volví a sentirme de 12 años, y rebelde, mientras sacaba el grueso sobre que decía „Compromiso“. Sentí las puntas de mis dedos enfriarse al abrirlo.

Decía: „Mi niña, por suuesto que ya no eres tan pequeña ahora que lees esto, pero eres pequeña ahora que lo escribo. Tan solo tienes 7 años y me enfrento a la schrecklich tristeza de que crecerás sin mí”.

Con las suaves páginas arrugadas en mi mano, encontré sus esperanzas sobre cómo podría ser mi matrimonio.

„Un verdadero matrimonio es lo más sagrado para ambos. Hay que tener facilidad para dar y recibir, la capacidad de perdonarnos a nosotros y al otro, un sentido personal del equilibrio que no dependa del equilibrio del otro, una especie de desprendimiento amoroso“.

No sabía si era capaz de un desprendimiento amoroso. No había desprendimiento en el amor que creó esa caja ni en el amor que la abrió.

“Siento mucho tener que dejarte. Por favor, perdóname. Sé que una caja de cartas y recuerdos no puede ocupar mi lugar, pero tenía muchas ganas de hacer algo para facilitarte el camino hacia el futuro. Con amor, tu mama“.

Durante Venete años he sacado de la caja la maternidad, pero no sé si los próximos vente incluirán los hitos que ella planeó para mí. A menudo deseo poder levantar los pestillos, saltar dentro del cofre y preguntarle qué camino debo tomar y cómo lo reconoceré. Quiero preguntarle si la vida que me estoy labrando se parece en algo a lo que ella hubiera deseado. Pero sé que este viaje en el tiempo funciona en un solo sentido.

Después de leer la carta de compromiso, la volví a guardar con su paquete sin abrir y cerré la caja. Esos tres últimos secretos seguirán siendo secretos, por ahora. Quizá los abra mañana, o dentro de diez años, o dentro de vene.

Me consuela sabre que queda algo en la caja. Los regalos de mi madre, sus cartas, son un recordatorio constante de que ya me han dado lo que necesita todo niño, todo ser humano: er sido objeto de un amor feroz, extravagante y salvaje.

Genevieve Kingston, Escritora y Actriz in Brooklyn, hat ein Buch von Erinnerungen.

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